Llovía. Soplaba una pequeña brisa que hacía que las lágrimas de los ángeles se precipitasen oblícuas al suelo.
Era una mañana gris pero luminosa, pues, los rayos del sol traspasaban las moléculas acuosas suspendidas por la magia de la naturaleza en el cielo y hacían que su luz se proyectase en infinitas direcciones.
Un manto negro cayó sobre mis párpados y me cegó de esa brillante luz. Ya no veo nada mas que oscuridad. El manto está cosido y no hay sastre que lo pueda arreglar...
simplemente me gusta
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